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En el Bajo Cauca hay que ser ciego, sordo y mudo

Este año han asesinado a ocho líderes sociales en el Bajo Cauca antioqueño: cuatro en Cáceres, dos en Caucasia y dos en Tarazá. Pero ellos no son los únicos muertos. Van 334 homicidios.

Entender las causas de la muerte allí es tan complejo como entender el contexto de una subregión que vive disputas entre grupos residuales de las AUC, brazos armados del ELN, el proceso de reinserción de las Farc y un proyecto para sustituir cultivos de coca voluntariamente.

Mientras, sus habitantes sufren no solo las consecuencias de esos problemas, sino también los coletazos de la emergencia en Hidroituango, y su economía (cuyo motor es la minería informal) cada vez se atranca más.

Una estela de guerra

Siete horas en bus de Medellín a Caucasia. En el camino se pasa de largo por Valdivia, Tarazá y Cáceres, donde está el 70 por ciento de la coca de Antioquia.

En las extensas zonas rurales que separan los cascos urbanos, dicen los que saben que se encuentran los grupos armados que desde hace más de veinte años se disputan o se comparten el control de una de las zonas más geoestratégicas para el tráfico de los negocios ilícitos en Colombia.

Grupos que están expulsando gente: las cifras de la Alcaldía de Medellín, a donde suelen huir los desplazados antioqueños, muestran la llegada de 3.336 desplazados del Bajo Cauca entre enero y junio de este año.

Tarazá es el municipio más expulsor con más de dos mil personas que arribaron a la ciudad, casi el mismo número de las que salieron del municipio, una cifra que venía bajando desde 2013, cuando tuvo 2.475 mil expulsados, según el Registro Único de Víctimas. En lo que va del año, el número de desplazados superó el de todo el 2017 en un 485 por ciento.

Pero a Medellín no llegan ni la mitad de los desplazados de Cáceres, que son 2.571 en lo que va del año; y de Caucasia han llegado a la capital 368 personas de las 591 que han huido del municipio.

Allí son más los que se quedan.

Un señor de 60 años, nativo de Caucasia, me dijo: “He visto peores tormentas en todos los años que he vivido acá”.

La última la vivió entre el 2008 y el 2012, pues luego de la extradición de Macaco y Cuco Vanoy, mandos importantes de las AUC en la subregión, se disputaron el control las Águilas Negras, aliados con los Caparrapos, y Los Rastrojos.

En 2010 hubo más de 40 ataques con granadas o petardos en lugares de comercio de Caucasia, según el Distrito de Policía Especial para el Bajo Cauca. Ese mismo año fue el de más homicidios en la historia del municipio: 128; y el de más desplazamientos en la subregión con nueve mil en los últimos diez años, según el Registro Único para las Víctimas (RUV).

Fue una guerra muy parecida a la que se vive ahora.

Luego, la región vivió una tensa tranquilidad desde 2012 cuando las Águilas Negras y Los Rastrojos llegaron a un acuerdo para unirse y convertirse en los frentes Julio César Vargas, Francisco Morelos Peñalta y el de Virgilio Peralta Arenas adscritos a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

Se rompió cuando este último, más conocido como los Caparrapos -dicen que porque varios de sus miembros iniciales venían de Caparrapí, en Cundinamarca-, decidió declararse disidencia a finales del año pasado.

Tener la suerte de que la guerra no te toque

 

 

La nueva guerra empezó con alertas.

En la madrugada del 29 de diciembre del 2017 estalló un artefacto en Bora Bora, una de las discotecas más grandes de Caucasia, que dejó 39 heridos.

En enero, hombres armados llegaron a siete veredas de Cáceres para anunciar enfrentamientos y pedirle a los habitantes abandonar sus casas, por lo que se desplazaron 356 personas, el primer desplazamiento masivo de los cinco que se dieron ese mismo mes dejando 1.695 personas afectadas, según alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo.

¿Quiénes corren peligro?

En Caucasia, la respuesta del señor del mototaxi, de la señora que atiende en la cafetería, de líderes, fuentes oficiales y conocedores del municipio coinciden: “la persona de bien, vive bien”, “si no te metes con ellos, puedes estar tranquilo”.

Según fuentes de la Policía, los 94 homicidios registrados en Caucasia este año hasta el viernes 27 de julio, son fruto de la guerra entre el Clan y los Caparrapos, y por eso las víctimas eran, en su mayoría, vendedores de drogas, campaneros, extorsionistas, sicarios, paga diarios y colaboradores de esos dos grupos.

Pero el riesgo no solo es hacer parte de ellos.

La noche en la que asesinaron a Robert Jaraba, uno de los ocho líderes asesinados en el Bajo Cauca, un familiar le recomendó no salir de fiesta porque la ciudad estaba peligrosa. “Yo no le debo nada a nadie”, respondió.

Y no es la única historia. Dos líderes del municipio recordaron el homicidio de Juan Carlos Zabala en enero, un joven que nada tenía que ver con las bandas del barrio, pero al que le dispararon poco después de haber denunciado en la Policía una olla cerca de su casa.

“Si te matan a un ser querido, llóralo, entiérralo y no más”, explica una líder que recuerda que en alguna ocasión quiso convocar una marcha por la vida, pero rápidamente le llegaron rumores de que era mejor que no lo hiciera.

Rumores, eso es lo que llega y es suficiente para causar temor y coartar a las personas. Un enlace de la Mesa de Víctimas de Caucasia contó que su trabajo se ha apaciguado desde que empezaron los ataques a líderes sociales. No han querido moverse ni hacerse visibles pues, aunque no han recibido amenaza directa, el miedo está.

Además, sus dos hijas tuvieron que desplazarse a Medellín: una fue abordada por dos hombres en una moto que “se burlaron de ella por ser lesbiana” y le advirtieron que no la querían ver en la ciudad. La otra, luego de ver cómo un conocido suyo le disparó a un hombre, decidió irse por temor a que tomara represalias en su contra.

Otros enlaces de la Mesa de Víctimas que lideraban los temas de jóvenes y desaparición forzada salieron de Caucasia porque sentían miedo de realizar su trabajo allí, según esta fuente.

La muerte no solo llega por ser líder

En esa revuelta murieron Ana María Cortés, en Cáceres; y Robert Jaraba, en Caucasia. Son los dos asesinatos de líderes más recientes, en el mes y medio que va después de la segunda vuelta presidencial. Ella, líder política; él, líder sindical.

Ana María Cortés fue asesinada el 4 de julio a eso de las 7 de la noche a la entrada del pueblo, en una cafetería que visitaba diariamente. Robert Jaraba, cerca de la medianoche del 16 de julio, en Noche de Reinas, uno de los dos burdeles más conocidos de la ciudad.

Ambas muertes se enmarcan en la guerra que se anunció a finales del año pasado.

Que eran líderes es una realidad.

Cortés lo fue en la campaña de la Colombia Humana en Cáceres, coinciden las personas que acompañaron el nodo en el pueblo y Edith Navarro, encargada de la campaña en el Bajo Cauca.

Era más que una colaboradora: convocó, organizó y compartió la propuesta de Petro en el casco urbano, además de ser testigo electoral en las votaciones.

Sin embargo, ni ella ni su grupo de seis personas en la Colombia Humana recibieron amenazas en medio de la campaña; no hubo denuncias de constreñimiento y ni siquiera quienes se adentraron a las zonas montañosas, donde hay mayor presencia de ilegales, recibieron un mensaje negativo por esa actividad.

“No le conocimos un contexto muy profundo de ser líder social, a ella le gustaba más eso de la política” dijo un cercano suyo, que habló, como la mayoría de fuentes de esta historia, bajo la condición de proteger su identidad por miedo a la violencia.

Lo confirmaron dos personas más que viven en el pueblo hace más de diez años.

El personero Anderson Piedrahita corroboró que Ana María no hacía parte de ninguna asociación o junta de acción comunal. Pero con fechas imprecisas, se sabe que trabajó en la Personería de la alcaldía de Davinson Correa (2008-2011), para quien también hizo campaña en su momento.

Durante la emergencia de Hidroituango en mayo, tomó la vocería en el punto de encuentro dispuesto en Cáceres para los afectados exigiendo ayudas humanitarias.

La líder de la Colombia Humana, según cinco fuentes, había vuelto a su pueblo a principio de este año, pues en los últimos dos se había desplazado a Medellín por amenazas que no pudimos identificar.

Una fuente cercana a ella contó que desde entonces la Policía la perseguía y la abordaba en la cafetería que visitaba a diario en Cáceres. Piedrahita confirmó que Ana María hizo dos quejas por malos procedimientos policivos, pero que en ninguno expresó amenazas de la institución.

Uno de sus amigos más cercanos nos dijo que dos días antes de su muerte le comentó que había regresado al pueblo porque quería saludar a su familia, pero que sabía bien que no podía volver, y por eso pensaba dejar el municipio lo antes posible. No alcanzó.

Por su parte, Robert Jaraba también era reconocido como líder en Cerro Matoso, empresa para la que trabajó 16 años en Montelíbano, sur de Córdoba, donde se vive una guerra muy parecida a la del Bajo Cauca como contamos. Pero visitaba con frecuencia Caucasia, que queda a menos de una hora, pues allí nació y vive la mayoría de su familia.

Jaraba, quien era operador de máquinas en la Mina e hizo parte del Comité de Certificación del Sena que capacitó a unos 140 trabajadores de la empresa, fue uno de los fundadores del sindicato Sintramineros en 2012.

Como en el caso de Cortés, sus compañeros del sindicato y familiares niegan que su papel ahí fuera fruto de incomodidad para alguien.

“A él no le gustaba enfrentarse y pelear con los directivos, sino más bien encontrar soluciones prácticas para ambos”, dice uno de sus seres más queridos.

Aunque tenía una lucha por tierras, no era un líder de ese sector.

Desde diciembre del 2017 llevaba el proceso de reclamación de un predio llamado Las Delicias, en la vereda La Mojosa, Cáceres, que le despojó el exparamilitar ´Macaco’ a su padre Atilano en 1998.

Según la Unidad de Restitución de Tierras, no manifestó amenazas por esa actividad; de hecho, era el único entusiasmado de la familia porque creía que ya estaban cerca de recuperar su finca, aunque el proceso apenas está en estudio formal.

Sus más allegados también desmienten lo que se difundió en prensa sobre un ataque personal que recibió semanas antes de su muerte. El hecho fue en enero; dos hombres en moto le tiraron una piedra al ventanal de su casa en Montelíbano. Nunca pudieron identificar el porqué.

En los dos casos, las autoridades dicen por fuera de micrófonos que los asesinatos no se deben a su condición de líderes.

Información extraoficial de la Policía arroja que Cortés estaba siendo investigada por pertenecer al Clan del Golfo y tenía un hijo en la organización criminal. Efectivamente, a los trece días del homicidio, el Ejército capturó su hijo, Camilo Andrés Chaverra Cortés, presunto integrante del Clan del Golfo.

Esa versión responsabiliza la muerte de Cortés a los Caparrapos, grupo para el que supuestamente ella trabajó en el pasado, antes de abandonar el pueblo, hace más o menos dos años.

El Fiscal General, Néstor Humberto Martínez, aseguró que tienen pruebas contundentes de que el autor del crimen sería alias “Jonás”, líder de los Caparrapos.

Según esta misma fuente, hay indicios de que la muerte de Robert tuvo que ver con su hermano Anuar, quien es el cuñado de alias Carlitos, un caparrapo de Caucasia que fue herido de bala el 14 de julio y murió el mismo día que el líder de Cerro Matoso.

La teoría que comparten algunos familiares es que al que querían matar era a su hermano y pudo ser un error porque los dos se parecían físicamente. Ninguno se imaginó que Robert pudiera morir de esa forma, “él siempre le huía a los problemas”.

Esta semana la Policía capturó al presunto asesino: alias Cristian, quien se desempeñaba como sicario de los Caparrapos en Caucasia, según las autoridades.

Pero el liderazgo vulnerado en el Bajo Cauca va más allá, y se concentra más que todo en las veredas, entre cultivos de coca y el asedio de Clan del Golfo y los Caparrapos.

Fuente: http://bit.ly/2NVhDia

Dos policías heridos dejó ataque a estación de Policía en Valdivia

Dos policías heridos y cuatro vehículos incinerados dejaron dos ataques que se registraron en la madrugada de este sábado en el municipio de Valdivia, Norte de Antioquia.

Según las autoridades, pasadas las 12:30 a.m. fueron lanzadas dos granadas de fragmentación a la estación de policía del corregimiento de Puerto Valdivia. La explosión les causó heridas a dos uniformados y daños a la estructura oficial.

“Las heridas de los policías no fueron de gravedad, pero sí resultaron afectados con las esquirlas de las granadas lanzadas”, aseguró Jonás Darío Henao, alcalde de Valdivia.

A esa misma hora, seis hombres, quienes se identificaron como integrantes del Eln, entraron a uno de los campamentos de las empresas que prestan sus servicios a Hidroituango, desarmaron a uno de los guardias de seguridad e incineraron cuatro vehículos.

“Ese es uno de los campamentos que está en la vía Puerto Valdivia - La Presa, allí le quemaron a los contratistas dos volquetas, una camioneta y un turbo. Los que hicieron esto se identificaron como del Eln y aseguraron que se hizo esa quema porque la empresa no esta pagando las extorsiones”, agregó el mandatario local.

El corregimiento de Puerto Valdivia ha tenido presencia histórica de grupos armados ilegales como el Eln, con la compañía Héroes de Tarazá, “los Urabeños” o el “Clan del Golfo” y las antiguas Farc con los frentes 18 y 36.

En la alcaldía del municipio confirmaron que este tipo de eventos no ocurrían hace varios meses, sin embargo, preocupa la cantidad de homicidios que se han presentado este año, especialmente en el corregimiento mencionado.

“Acá está pasando un suceso muy grave y es que llevamos 22 muertes violentas, lo que nos ubica como uno de los municipios más violentos del departamento, todo esto generado por el tema de las drogas y la disputa por ellas; necesitamos una mayor atención del gobierno departamental para afrontar esta situación”, añadió el alcalde Henao.

Fuente: http://bit.ly/2xrtHTa

Avalancha en Valdivia, Antioquia, deja dos personas desaparecidas

 

Las dos personas desaparecidas son un adulto mayor y una menor en condición de discapacidad, quienes habitaban una vivienda en una invasión cerca de la vía a la costa, la cual fue destruida por una avalancha, debido a las lluvias de las últimas horas.

El director regional de Invías, Juan Manuel Espinal, explicó que las autoridades respectivas ya avanzan en la búsqueda y también se adelantan labores para habilitar por lo menos un carril de la troncal.

En el sector de Ventanas, también en la troncal a la costa, se registra el cierre de un carril de la vía debido a un deslizamiento de tierra.

Le puede interesar: La Venecia antioqueña”, inundada por los estragos del río Cauca

Las autoridades también reportaron cierre total de la vía Medellín – Puerto Berrío en el sitio conocido como El Limón y cierre de la vía que comunica a Santa Fe de Antioquia con el corregimiento Bolombolo de Venecia, debido al desbordamiento del río Cauca.

Fuente: http://bit.ly/2r90MAy

¡Atención, víctimas del conflicto armado! El Sena abre su segunda convocatoria 2016 para programas educativos

Los aspirantes que quieran acceder a los programas de formación presencial del SENA deben estar pendientes y realizar los procesos en las fechas establecidas según el cronograma que presenta la entidad

A partir del 13 de febrero de 2016  y hasta el 21 de este mismo mes, se llevarán a cabo las inscripciones de formación titulada modalidad presencial Sena. Esta fecha corresponde a la segunda convocatoria para el 2016 que es realizada por esa institución.

Las inscripciones a programas de niveles como operario, auxiliar, técnico, tecnólogo, profundización técnica y especialización tecnológica, deben realizarse a través de la página www.senasofiaplus.edu.co. De igual manera, fechas de cronograma de actividades y procesos educativos que corresponden a esta entidad deben consultarse en el mismo enlace.

 

La oferta educativa Sena se encontrará disponible a partir del día 12 de febrero. Se insiste en que los aspirantes realicen con anticipación la búsqueda del programa que elijan para poder aplicar. De igual manera, se recomienda verificar los requisitos de ingreso. Cabe recordar, que durante el momento de la inscripción se debe tener otro programa alternativo como una segunda opción.

Se advierte que el único medio de comunicación entre el Sena y el aspirante es a través de correo electrónico. Por lo tanto, durante el proceso debe consultar periódicamente la cuenta de correo.

Las charlas informativas para los programas se realizarán en cada centro entre los días 12 y 21 de febrero y el inicio de la formación, una vez se cumplan los procesos de selección, se dará a partir del 11 de abril de 2016.

Toda la información en: www.senasofiaplus.edu.co

Ejercito despejó la vía a la Costa Atlántica

Luego del ataque a un bus de servicio público perpetrado ayer por guerrilleros del frente 36 de las Farc, en Valdivia, en el que murió el joven Jaiver Vergara Pupo, estudiante de medicina, de 22 años, y en el que resultaron heridas otras cuatro personas, tropas adscritas a la Séptima División del Ejército, reforzaron la protección y garantizan el desplazamiento por la vía a la Costa desde Medellín.

Fuentes oficiales explicaron a este diario que "grupos expertos en explosivos realizaron una revisión en la zona y a un camión que fue atravesado en la vía, descartando la presencia de artefactos explosivos dar vía hacia la Costa Atlántica".

Igualmente, las autoridades militares calificaron el ataque guerrillero como una infracción al Derecho Internacional Humanitario y a los Derechos Humanos, al faltar al principio de distinción que indica que debe evitarse atacar a aquellas personas que no hacen parte de las hostilidades.

Las versiones de las autoridades indican que los guerrilleros dispararon contra el bus cuando este no atendió la señal de pare de los insurgentes, que realizaban un retén ilegal, y ofrecieron una recompensa de 20 millones de pesos por información que lleve a la captura de alias "Román" y alias "Manteco", cabecillas del frente 36 de las Farc.

Fuente: http://bit.ly/16o0V3E

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